Nunca creí que fuera tan difícil hablar de algo, pero me gustaría
contar el sufrimiento que pasé a lo largo de 7 años, en los que no supe ver que
fui objeto de burlas y continuos ataques que no conté a nadie.
Todo comienza el primer día de clase, en el que
curiosamente, no me sentía acosado por mis compañeros de clase, sino por mi
maestro, cuya paciencia era insignificante, ya que no soportaba que tuviéramos tanta
dificultad a la hora de aprender a dividir. Recuerdo que cuando llegaba a su
nivel máximo de desesperación, llegaba a menear a más de uno, de manera que,
una pequeña parte, terminaban con un brazo vendado o pocas ganas de ir a la
clase. Yo experimenté ambas cosas, incluso yo era su favorito para ello, estaba
sentado enfrente de su mesa siempre, y cuando veía que me quedaba atascado en una
actividad o simplemente, no sabía hacerla, utilizaba un libro para aporrearme.
Si eso parecía poco, es porque no he hablado de su hermano,
que siempre estaba en su punto de mira para cualquier cosa. Cuando se estropeo
los urinarios, estaba presente, pues la culpa fue para mí, cuando yo solo iba a
un váter y no a un urinal.
Llego cuarto de primaria, y el sufrimiento no acabó, sino
que empeoró, volví a tener al mismo maestro, empecé en una academia de inglés
donde fui apodado “cabezón” y si fuera poco ,ya empezaron las agresiones por
parte de algunos de mi clase y fuera de ella. Como muchos sabemos, siempre nos
encontramos a algún repetidor en la clase, pues ese fue quien lo inició todo,
menos mal, que aún conservaba a mi amigo de infancia y puedo decir algo
positivo del año.
Al siguiente año recuerdo que empecé a acostumbrarme a
soltar las maletas en la clase para no tenerla todo el día en el pasillo, pues
un gran día, me encontré a gente de mi clase tirando una bomba fétida en ella y
de nuevo, el maldito maestro quien le tenía en su punto de mira, decidió echarme
la culpa, cuando yo en esa época, era inofensivo y era inimaginable que tuviera
dichas ocurrencias.
Varios años después, decidí tomar medidas, de manera que, me
cambie de academia de inglés y empecé el instituto, lugar donde no esperas que
te metan en una taquilla y que el matón de turno, nunca te coja.
En esa época empecé a valorarme un poco más, ya que me di
cuenta que todos aquellos que me hacían sufrir en primaria, ya se quedaban atrás
mía de manera que, veían quien sabe utilizar bien la cabeza, aunque siempre
estaba el guapo de turno que se aprovechaba de ti y el día de educación sexual,
que pide que les des el condón que te han dado, porque supuestamente “nunca lo
vas a utilizar”.
Por último, llegué a cuarto, donde empecé a ser un
adolescente, comprenderlo todo sobre la vida, teniendo grandes amigos a tu
alrededor y por supuesto, volviendo a hacer migas con alguna que otra persona
del pasado pero lo más importante es donde estoy.
Para acabar, me gustaría darle las gracias a mi familia,
expresamente a mis primos, quienes me han defendido a lo largo de esta época, a
mis amigos que siempre han estado ahí para lo bueno y lo malo de mi vida; y
aquellos que me ha hecho pasarlo mal tiempo atrás y me llamaron amargado por
encerrarme en mi casa, os diré dos cosas: primero, si estaba encerrado era por
culpa vuestra, y segundo, agradeceros haberme encerrado en mi casa, todo ese
tiempo lo aproveche para estudiar y llegar a lo más alto, en serio, gracias J
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